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Raíces, oficio y tiempo propio

 

19/08/2006. Ese día rendí la última materia, Proyecto de Graduación de Diseño Industrial. Todavía no sé cómo hice para hablar delante de unas 100 personas.

Cuando al año siguiente decidí ponerle nombre a la marca, supe que no quería usar el mío: mi apellido se asociaba demasiado a un almacén de vino y bebidas alcohólicas. Para no arrepentirme, tenía que ser algo profundamente familiar.De la fusión de los nombres de mis abuelas —Matilde y Rosa— y yo como nexo, surgió Matily Rous.

Matilde tenía su título de corte y confección colgado en un cuadro grande, aunque nunca pudo ejercer el oficio. Rosa trabajó muchísimo desde casa; sabía tejer, bordar, coser... una lástima que, viviendo en Bahía Blanca, la distancia no nos dejó compartir tanto de eso.

Un día, unos años más tarde, Matilde pasó a verme y me comentó algo que me quedó grabado: le hubiera gustado tener un negocio como el mío, pero no la dejaron; irónicamente, el local donde estaba era de ella.

Ahora que lo veo a la distancia, a veces me pregunto si cumplí mi propio sueño o el de ellas. Quizás, al fin y al cabo, solo se trataba de conectar.

Karina